“No ha habido más que un solo cristiano y ése murió en la cruz: Jesús de Nazaret”

 

La decadencia de dios viene con sus seguidores, al convertirlo de a poco en un ser irreal, en un espíritu puro, en la “cosa en sí”, es decir, en una realidad absoluta que no necesita de nada ni de nadie para existir. ¡Esta es la ruina de dios, convertirse en un ser absoluto!

El “cristianismo” se ve atado por conceptos que atan el pensamiento, que no dejan florecer dudas necesarias, está encerrado en concepciones morales de lo que es el bien y el mal, ha puesto en la mente de los “cristianos” un sistema cerrado de pensamiento, está prohibido pensar por uno mismo, actuar y ser uno mismo. En esta religión el cuerpo es despreciado, la carne es signo de pecado, la higiene del cuerpo es considerada obscena, ya que estimula el placer de los sentidos (la primera medida, después de la expulsión de los moros en España, especialmente en Andalucía, fue la de clausurar los baños públicos, de los cuales había unos doscientos sólo en Córdoba).

Ser realmente cristiano no  es el acto de asistir cada domingo a escuchar el “evangelio”, salido además de los labios del que pudiera ser el menos cristiano de todos, el sacerdote.

Jesús no murió por nuestros pecados, desde este punto de vista se termina realmente el verdadero cristianismo, desde aquí solo somos pseudocristianos. Murió en la práctica, demostrándonos lo que es el verdadero cristianismo, el amor, incluso por quienes le quitaron la vida. Lo único necesario para él, era vivir en el amor desinteresadamente. El reino de dios se construye de esta manera, únicamente viviendo de este modo, como Jesús vivió, es ser cristiano. Entonces es absurdo creer que el mismo Jesús busca una venganza, que tiene un tiempo y lugar predestinado para juzgar a sus enemigos, cómo puede ser esto creído por el cristiano, ¿cómo puede creer dos cosas opuestas al mismo tiempo?.

Esta idea es un instrumento peligroso en manos de los sacerdotes, quienes, a partir de ese momento, interpretaron toda felicidad como premio y toda desdicha como un castigo de la desobediencia a dios, fruto del pecado: ésta es la explicación más mentirosa que ha existido para dar cuenta de un orden moral del mundo. Enlazaron la idea de premio y castigo, de la manera más estúpida, con la idea de salvación, es decir, todas las ofensas contra dios, serían castigadas y todo fervor y obediencia recibiría un premio, tendría el favor de dios eternamente. La raza del sacerdote explota el nombre de dios utilizándolo en vano; llama reino de los dios a una colectividad de personas sujeta a las reglas que él ha impuesto, en donde el valor de todas las cosas está fijado por su mano. Si pensamos que lo que distingue al cristiano es la fe, la salvación de Jesús por medio de la fe es caer en el peor sinsentido que existe.

Me rehúso a aceptar todo esto, desde los preceptos que van desde la abstinencia sexual, la que yo desprecio rotundamente, hasta la orden del no disfrutar para acarrear méritos que nos ayuden en nuestra futura, última y eterna vida. Lo más grande para mí, el hombre el mundo, esta vida se ven totalmente desplazados por algo puesto en el más allá. Entonces ¿qué es lo que niega el “cristianismo”?… Niega todo lo que somos en esta vida, el día a día, en una palabra: el mundo, el único punto firme sobre el que podemos apoyarnos. ¡Qué monstruoso tiene que ser el hombre moderno para no sentir la menor vergüenza de llamarse “cristiano”! ¡Yo me horrorizo de vivir en ésta época tan mentirosa!

El sacerdote vive de los pecado, necesita que haya “pecadores”, son los verdaderos instrumentos que aseguran el poder, son el fundamento del poder. “Dios perdona siempre al hombre que se arrepiente”; dicho de otro modo: a todo aquel que se somete al sacerdote. En primer lugar dios no tiene rencores, lo que invalida el supuesto de perdón.

 

El verdadero evangelio murió en la cruz. Porque a partir de ahí la iglesia como institución se ha encargado de escribir su propio evangelio.

El “reino de dios” no es una cosa que los hombres esperan, no tiene un antes ni un después, no llegará dentro de mil años: es una experiencia del corazón, es la presencia de Jesús en su interior, una vivencia espiritual, está en todas partes y no está en ninguna…

Cómo pueden las personas autonombrarse “cristianas”, esto es el mayor descaro y falta de respeto hacia Jesús. “Cristianos” sin amor, sin respeto por su semejante, que matan, roban y delinquen, estos ¿son los “cristianos” de dios?. La iglesia, siendo realistas es, como icono, necesaria para el bien actuar de muchas personas, incapaces de organizar y controlar su propia conciencia, que necesitan ser guiados como rebaño, pero como institución, es nefasta, despreciable y de lo más anticristiana.

Hay una diferencia entre lo que soy y lo que me considero, me considero cristiano hasta donde mi propio ser me lo permite, hasta donde los instintos propios del hombre, a veces errantes dejan de luchar contra el amor que profesaba Jesús. En realidad, no soy, en absoluto, nada.

 

Este texto proviene de redacción personal y fragmentos del libro “El anticristo” de Friedrich Nietzsche.

 

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Médico Cirujano y Partero, Residente de Psiquiatría. Tengo mi propia frase, aunque todos somos dueños de las palabras: “Al final del día, es igual de respetable si miras al cielo en busca de Dios, de las estrellas, o ambos.”

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