Un breve ensayo que quizá peca de simple y vago pero aún así vengo a publicar. Sobre el buen libro de Oliver Sacks. Para una mejor compresión, sirvase de leer el libro en primer lugar. Saludos.

Tener un libro en las manos, para empezar nos presenta ante los demás con un toque estético algo intelectual que no estaría completo si no ahondamos en sus páginas para perdemos en la lectura. Por lo menos, tenemos la seguridad casi total que nos encontraremos de frente con nuevas palabras que, de a poco se van introduciendo en nuestro léxico, lo que nos sirve directamente para dejar de tener una o dos maneras de expresar un sentimiento o idea, para tener quince, veinte, cien.

Mis libros favoritos son los que me dicen lo que ya sé, que toman mis ideas dispersas y las agrupan y acomodan con un lenguaje prolijo y bello, añadiendo detalles que yo pude pasar por alto. Uno, como persona, debe ser diferente después de cada lectura, si no sucede esto es momento de comenzar de nuevo desde donde perdimos la concentración.

Sacks intenta llevarnos más allá de los datos clínicos, de los números de la medicina, al sobrecogedor mundo de los pacientes con quien se relaciona. Recordándonos que estamos tratando con seres humanos de carne y sentimientos como los nuestros. ¿Quién acude a consulta psiquiátrica? Cualquier hombre, niño o mujer que se siente con un desorden, un desequilibrio de lo considerado “normal”, bien puede ser un intelectual egresado de la más prestigiosa universidad, con ideas claras, escalofriantemente precisas hasta un hombre que bien podríamos considerar “una masa de entusiasmos imbéciles”. Todos merecen ser tratados de la mejor manera, comprendiendo su situación, buscando lo que muy en particular sea lo mejor para la persona.

A través del papel, Sacks nos cuenta y transmite el contexto y padecimiento de sus pacientes y lo hace dividiendo su obra en cuatro partes: Pérdidas, Excesos, Arrebatos y El mundo de los simples.

“Qué es un hombre sino el conjunto de resultados de sus acciones pasadas” y si no se recuerda ninguna de esas acciones entonces, ¿qué se es?

De la primera parte (Pérdidas), hubo algunas historias que captaron más mi atención que otras, la primera: “La dama desencarnada” que relata la vida de una mujer que no podía controlar su propio cuerpo, había tenido una lesión neurológica cuya principal consecuencia fue la pérdida del sentido de la propiocepción. Haberse capaz de mover una mano, con la peculiar de que si no se observa, no se sabe si realmente se está moviendo. Es encontrarse a mi parecer “enjaulado” en cierta manera en el propio cuerpo. Esta historia me hace valorar y disfrutar un poco más todas las estructuras cerebrales que hacen posible que pueda estar escribiendo esto sin siquiera ver las teclas de la computadora.

Tratando de no salir más del contexto, y prosiguiendo en el apartado de pérdidas. Nunca es tarde para aprender. Personas “de

sencarnadas” que no pueden mover sus propias partes corporales a placer por incapacidad, en contraste con personas que pueden, pero no tienen el interés de hacerlo. Al final, nos lleva a tener estructuras un tanto inservibles.

Nosotros, los afortunados seres superiores a todo, hagamos uso de lo que tenemos, en especial nuestra capacidad mental, orientémosla a un campo de conocimiento verdadero y evitemos convertirnos en simples, miserables e inútiles “masas de pasta”.

Las personas con pérdida de miembros. Esta triste vida, que puso un conductor ebrio en el lugar equivocado, es puesta a prueba, tanto su capacidad física pero sobre todo, intelectual. Además de los estrictos síntomas de depresión y ansiedad que le siguen a un incidente con trauma físico de este tipo, imagine que difícil es que un individuo que vivió 45 años con su pierna derecha (que probablemente fuera su favorita) se olvide de ella sin más. Por otro lado, que les parece, tener una pierna unida a nosotros (nuestra) ¡y no reconocerla como tal!, en verdad que la mente es complicada, más aun si se tiene en cuenta que todo tiene una base fisiológica, física y psíquica en ocasiones desconocidas que al parecer se unen con el único propósito de ser una cefalea punzante y notablemente irradiada desde la parte frontal hasta el occipucio para los neurólogos y psiquiatras.

No toda pérdida significa discapacidad, algunas sirven para hacer notar nuestro ingenio, a final de cuentas “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino” (Viktor Frankl). Entonces, lo que no te mata te hace más fuerte, o en el caso del señor MacGregor, interesante. Es importante escuchar a los pacientes, más cuando hacen tu trabajo, es el caso del señor MacGregor, conocido en el hospital entero por sus innovadoras gafas con nivel de burbuja. A veces los pacientes solo necesitan una figura a quién hablarle, desahogarse justificadamente, están pagando para ello, quizá por eso algunos no le contamos nuestros problemas en un principio por ejemplo, a nuestra familia, por vergüenza, entonces vamos con alguien que está fuera de nuestro círculo de confianza en un principio (aunque suene absurdo, no lo es).

El fin primordial de la práctica médica, aunque sea difícil de creer, no es el enriquecimiento monetario del médico, sino buscar la mejor condición para las personas. Entrando brevemente al apartado de excesos, tenemos a Ray, el ingenioso. Es notable como el aumento de la cifra de neurotransmisores puede hacer que percibamos el mundo de una manera distinta, más acelerada y con un toque más enigmático. Esto es lo que le pasaba a nuestro amigo Ray, quien decidió servirle al Rey (Haldol) de lunes a viernes y a la Reina (la música) los fines de semana. Nos remarca también la necesidad de que el paciente debe estar convencido de lo que quiere hacer, se tiene que ayudar a sí mismo para obtener un verdadero beneficio, con una buena orientación en la medida de lo posible de parte de un especialista.

El exceso de felicidad no debería parecer un problema, quizá hemos llegado tan lejos que no es imposible imaginarnos sin ninguna preocupación o simplemente no es parte de nuestra conducta natural. “Quiero tratar mi neurosífilis, pero no del todo” palabras dichas por una mujer adulta que lo único que deseaba era aunque con enfermedad, morir feliz. Decisión que debemos si no adular, respetar. Todos tenemos nuestra definición de felicidad y bienestar, un estado en el que deberíamos permanecer.

Parece que la lectura se extiende, seré más breve, entrando un poco en arrebatos, “un presente en el que el pasado no pueda ser revivido, no vale la pena ser vivido”. Bueno, habrá que contrastar con la película “Remember Sunday (2013)”.

Pasando a la última sección del libro, el mundo de los simples es concreto, como debería ser a mi parecer el de todos. “Vivido, intenso, detallado, pero simple”.

Al final, Sacks es bueno para describir aunque, y quizá no es la finalidad del libro, no menciona en muchos casos una descripción detallada del padecimiento. De todas esas líneas de texto por lo menos se refuerza mi sentimiento de que al paciente se le trata como persona, cada una es un mundo, estamos frente a un universo.

 

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Médico Cirujano y Partero, Residente de Psiquiatría. Tengo mi propia frase, aunque todos somos dueños de las palabras: “Al final del día, es igual de respetable si miras al cielo en busca de Dios, de las estrellas, o ambos.”

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