La literatura, “el arte que utiliza como instrumento la palabra” viene a permitirme iniciar de la mejor manera, contribuyendo así a su fin mismo, con una cita muy acorde a uno de los puntos principales tratados en este breve texto:

El progreso de la medicina nos depara el fin de aquella época liberal en la que el hombre aún podía morirse de lo que quería.

Stanislaw Jerzy Lec (1909-1966) Escritor polaco de origen judío.

Es interesante (y muchas veces preocupante) cómo la salud, enfermedad y poblaciones se relacionan entre sí en un mar de extremos (ignorancia, creencias religiosas, estatus económicos, marginación, corrupción, desigualdad, leyes, etc.).

Ante la enfermedad sobrevienen ideas, metas, frustraciones, delirios, y sobre todo, esperanza. Ésta última defendida por muchos pensadores y atacada por otros tantos, ¿qué es en realidad? fuerza, debilidad, decadencia, o un poco de todo a la vez. A veces es lo último que le queda a muchas personas, si en este momento me fuera diagnosticado cáncer de páncreas les pediría a mis médicos que por lo menos me dejaran tener un poco de fe.

Cada vez hay menos personas culpando a Dios y más culpando a los organismos de salud y médicos por sus desafortunadas pérdidas humanas (a veces con razón y muchas veces sin ella).

De forma constante nos encontramos cambiando nuestros hábitos de vida (alimentación, actividad física, cultura, etc.) lo que condiciona nuestro futuro respecto a la salud, esto aunado a la creciente industria de investigación médica (genómica, de telecomunicaciones, farmacéutica…) y a los avances que le sobrevienen han configurado una nueva ideología respecto a nuestro entorno y las cosas que consideramos y en realidad son dañinas. Parece que entre más avanza la ciencia nos volvemos más ignorantes.

El día de hoy la muerte en salas de parto no es tan común como hace 50 años. Si alguien sufre una fractura de fémur y está al alcance de un personaje de bata blanca tampoco muere tan fácilmente por el estrés fisiológico, sangrado o por la subyacente inflamación.

Recordemos que el grado de mortalidad y morbilidad es un indicador de la calidad de atención y nivel de los distintos organismos encargados de resguardar la salud en las distintas partes del mundo.

¿Entonces de qué podemos morir?

En realidad de muchas cosas, condicionado por nuestro grado de marginación, cultura y economía entre otras como ya se mencionó. Pero en general se ha dejado de morir por pequeñeces, ahora las enfermedades nos hacen parte de ellas.

Hipertensión arterial, diabetes mellitus, cáncer.

Todos, si no tenemos un familiar con alguno de estos padecimientos por lo menos conocemos a alguien que si los tiene.

El mejor médico no es el que da infinidad de medicamentos para tratar de aliviar un síntoma o enfermedad (en ocasiones sólo para entretener al paciente para ver si el tiempo y el cuerpo hacen su trabajo y se cura a sí mismo) sino el que evita la enfermedad mediante la orientación, información y honestidad.

Es importante entonces, la difusión del conocimiento, tratar de derribar todas esas barreras que impiden que las personas gocen de buena salud en la medida de lo posible.

Muchas veces mantener la salud es tan simple como enfatizar la importancia de hacer ejercicio y una buena alimentación.

 

Al final de cuentas se necesita una casi utópica coordinación y empeño en hacer las cosas de parte de toda la sociedad (politicuchos, médicos y pacientes).

Por nuestra parte como veladores de la salud, recordemos que tratamos de primera instancia con personas (con sueños, hijos, padres, metas, inseguridades, miedos) y secundariamente pero no menos importante, con sus enfermedades. Pongámonos en su situación un momento, brindemos lo mejor de nuestra parte para aliviar cuerpo y alma.

Por una buena práctica clínica, recordemos que las personas mueren, los ideales prevalecen, seamos el ejemplo.

 

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Médico Cirujano y Partero, Residente de Psiquiatría. Tengo mi propia frase, aunque todos somos dueños de las palabras: “Al final del día, es igual de respetable si miras al cielo en busca de Dios, de las estrellas, o ambos.”

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