La depresión (CIE 10- F32 Evento Depresivo), como la mayoría de las enfermedades, es el resultado de la interacción entre factores biológicos, heredados, del desarrollo y del contexto, que interactúan con las características individuales.

La OMS refiere que la depresión afecta en el mundo a 121 millones de personas y menos del 25% tienen acceso a tratamiento.

En la población general, la prevalencia de síntomas depresivos oscila entre 15 y 20%, en pacientes atendidos en instituciones gubernamentales la prevalencia es de 30 a 40%.

Es el trastorno afectivo más frecuente en personas mayores de 60 años.

El episodio depresivo debe de tener por lo menos dos semanas de iniciada con síntomas de inicio de desinterés en las cosas y ánimo deprimido, se agregan cuatro síntomas más que son cambios de apetito o peso, del sueño y de la actividad psicomotora; falta de energía; sentimientos de infravaloración o culpa; dificultad para pensar, concentrarse o tomar desiciones, y pensamientos recurrentes de muerte o ideación, planes o intentos suicidas.

Generalidades.

Uno de los obstáculos presentes en la familia para llevar oportunamente al adulto mayor a los servicios médicos, es la serie de prejuicios existentes coloquiales “es por la edad”, “ya le cayeron los años encima”, etc.

La discriminación y el uso de términos despectivos, pueden ser causantes de la aparición de la depresión e influir en la dependencia física y social de ellos.

Se debe informar a la familia que la resiliencia en la vejez se fundamenta en:

  • Participación social-familiar.
  • Implicarse en actividades que desarrollen un nuevo aprendizaje.
  • Aceptar cambios físicos.
  • Aprender a participar en bromas familiares y de si mismo.
  • Asumir el fin de la vida como algo normal.

El envejecimiento produce una disminución de la actividad de los neurotransmisores cerebrales, de entre los cuales, el sistema serotoninérgico tiene una disminución de hasta un 50% en personas mayores de 80 años.

Los principales factores de riesgo son:

  • Los trastornos cognitivos, sociales (jubilación o pérdida del empleo).
  • Familiares (pérdida de un ser querido).
  • Estado de pobreza.
  • Enfermedades crónicas, físicas y mentales.
  • Estado civil.
  • Estrés crónico.
  • Exposición a adversidades no resueltas a lo largo de la vida y asociación con hábitos de alcoholismo y tabaquismo.

Diagnóstico.

De entre los signos y síntomas más obvios, es importante hacer énfasis en la perdida del apetito o grados diversos de hiporexia e incluso hiperfagia.

Criterios diagnósticos generales de episodio depresivo según la CIE-10:

A. El episodio depresivo debe durar al menos dos semanas.

B. El episodio no es atribuible a abuso de sustancias psicoactivas o a trastorno mental orgánico.

C. Síndrome Somático: comúnmente se considera que los síntomas “somáticos” tienen un significado clínico especial y en otras clasificaciones se les denomina melancólicos o endógenomorfos.

  • Pérdida importante del interés o capacidad de disfrutar de actividades que normalmente eran placenteras.
  • Ausencia de reacciones emocionales ante acontecimientos que habitualmente provocan una respuesta.
  • Despertarse por la mañana 2 o más horas antes de la hora habitual.
  • Empeoramiento matutino del humor depresivo.
  • Presencia de enlentecimiento motor o agitación.
  • Pérdida marcada del apetito.
  • Pérdida de peso de al menos 5% en el último mes.
  • Notable disminución del interés sexual.

Se recomienda solicitar los siguientes estudios:

  • Biometría hemática.
  • Química sanguínea.
  • Examen general de orina.
  • Pruebras de función tiroidea.

Diagnósticos diferenciales:

  • Demencia.
  • Delirio.
  • Enfermedades metabólicas.
  • Abuso y dependencia de sustancias.

Tratamiento.

Es importante consensar con la familia los aspectos relevantes que están afectando al adulto mayor.

  • Integrar al adulto mayor a la mesa familiar.
  • Integrar al adulto mayor a las actividades de diversión y descanso familiar.

Los factores que llevan a la discapacidad y dependencia son múltiples y diversos, incluyen la baja escolaridad, el deterioro cognoscitivo, malos hábitos de vida o problemas de salud mental.

Los síntomas depresivos tienen grave consecuencia para la salud del adulto mayor, ya que además de los efectos negativos sobre las capacidades funcionales, las personas afectadas utilizan con más frecuencia los servicios hospitalarios y se recuperan en mayor tiempo de alguna enfermedad.

Algunas medidas coadyuvantes de tratamiento incluyen:

  • Lectura de libros de autoayuda, si no se desea acudir a psicoterapia o a terapia con profesionales de la salud mental.
  • Terapia grupal de autoayuda.
  • Servicio de ayuda telefónica.

El realizar ejercicio puede ayudar a los pacientes con depresión leve y moderada, existe evidencia que aquellos pacientes con ánimo decaído mejoran con rutinas conducidas de ejercicio.

Niveles bajos de actividad física, como caminar 150 minutos por semana podrían prevenir un futuro episodio depresivo.

A los pacientes con depresión leve a moderada se les debe recomendar programas de ejercicio estructurado y supervisado de intensidad moderada con una frecuencia de 2 a 3 veces por semana con una duración de 40 a 45 minutos y por espacio de 10 a 12 semanas.

Las pruebas científicas existentes no permiten recomendar la acupuntura como medio de tratamiento para la depresión.

Los medicamentos alternativos no han demostrado eficacia comprobada, su éxito se fundamenta en su efecto placebo.

Se debe considerar terapia de pareja, si fuera procedente, en caso de no obtener una respuesta adecuada con una intervención individual previa.

En la depresión leve y moderada debe considerarse el tratamiento psicológico breve específico, como la terapia de solución de problemas, la terapia cognitivo-conductual o de consejo.

Los antidepresivos no son recomendados en el tratamiento inicial de la depresión leve porque el riesgo beneficio es pobre. A menos que el paciente cuente con antecedentes de episodios moderados o graves de depresión o ante la presencia de otras enfermedades médicas o con morbilidad asociada.

Los fármacos antidepresivos son de primera línea en la depresión moderada y grave.

Los ADT (antidepresivos tricíclicos), como grupo, son tan eficaces como los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina) en el tratamiento de la depresión moderada o severa. Sin embargo, los ADT presentan peor tolerabilidad y mayor número de efectos adversos, lo que causa un abandono prematuro mayor en relación con los ISR.

El tratamiento se debe conservar al menos 6 semanas a dosis adecuadas antes de pensar que no es efectivo. Si existe respuesta parcial, se puede continuar por otras 6 semanas más.

En caso de que un ISRS no sea bien tolerado, deberá cambiarse por otro fármaco del mismo grupo.

Los ADT son alternativa a los ISRS si el paciente no ha tolerado al menos dos fármacos de ese grupo o es alérgico a los mismo.

Es importante indagar si algún familiar o el paciente han obtenido beneficios tomado estos antidepresivos.

El riesgo de recurrencia es menor cuánto más se prolonga el tratamiento farmacológico. El beneficio de esta prolongación disminuye con el tiempo y no está claro cuál es el período óptimo.

El inicio de la mejoría empieza generalmente en la primera o segunda semana de tratamiento y la falta de respuesta a las 4-6 semanas se asocia con un 73-88% de probabilidad de que no inicien una respuesta en 8 semanas.

El tratamiento farmacológico debe mantenerse en todos los pacientes, al menos durante 6 meses tras la remisión.

En pacientes con algún episodio previo o presencia de síntomas residuales, el tratamiento debe mantenerse al menos 12 meses tras la remisión. La dosis del fármaco empleado durante la fase de mantenimiento debe ser similar a aquella con la que se consiguió la remisión.

En pacientes con más de 2 episodios previos, el mantenimiento debe mantenerse al menos durante 24 meses tras la remisión.

La asociación de antidepresivos con benzodiacepinas no mejoran la depresión así como tampoco la buspirona o el metilfenidato.

Complicaciones.

En los adultos los antidepresivos pueden interactuar con otros medicamentos, además presentan una lenta absorción y depuración prolongada.

Los ISRS se asocian más a sintomatología neurovegetativa como diarrea, aumento de sudoración, náusea, mareo, de acuerdo a la tolerancia del individuo.

Los adultos mayores a los que se les prescriban ADT se deben monitorear más cercanamente por la existencia de mayores efectos colaterales en ellos, sobre todo alteraciones del ritmo cardíaco, estreñimiento, retención urinaria, aumento de la incidencia de glaucoma o de la severidad del mismo en quienes ya lo padecen.

Discontinuación

No se deben suspender súbitamente los antidepresivos, porque aparecen efectos colaterales a los que se le denomina síndrome de discontinuación.

Se sugiere la discontinuación de los antidepresivos en un período de aproximadamente 3 semanas, a la mitad de la dosis utilizada considerando que en la última semana sea en días alternos (cuartos de dosis).

Los síndromes de discontinuación (ej. dolor de cabeza, vértigos, náusea) ocurrieron entre un 0 y un 86% de pacientes (referido a todos los fármacos de segunda generación). Dentro de los ISRS, la incidencia más alta de este problema se presenta con la paroxetina, y la más baja con fluoxetina.

Anexo.

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Con información de: Prevención, diagnóstico oportuno y tratamiento del episodio depresivo leve y moderado en el adulto mayor en el primer nivel de atención. Evidencias y Recomendaciones. México D.F. ISSSTE. 2016.

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Médico Cirujano y Partero, Residente de Psiquiatría. Tengo mi propia frase, aunque todos somos dueños de las palabras: “Al final del día, es igual de respetable si miras al cielo en busca de Dios, de las estrellas, o ambos.”