50% de la producción mundial de mercurio se usa en la fabricación de lámparas de vapor, tubos fluorescentes, termómetros clínicos e industriles y otros instrumentos como barómetros, manómetros, esfigmomanómetros, lentes de telescopios, lámparas de difusión y ultravioleta, conmutadores, cátodos electrolíticos, turbinas de vapor.

El riesgo ocupacional existe en industrias como: metalurgia del oro y plata, fabricación de pilas y baterías, amalgamas dentales, biocidas, fungicidas, pesticidas y productos farmaceúticos.

La fuente de riesgo de exposición no ocupacional más importante de metilmercurio es el consumo de pescados y mariscos contaminados; entre ellos se encuentran el tiburón, pez espada, marlín, tollos, atunes, albacora, bonito del norte, y en los mariscos, como camarones.

El mercurio existe en tres formas, cada una con características y toxicidad distinta: mercurio elemental, sales de mercurio inorgánico y mercurio orgánico.

La exposición a mercurio elemental ocurre vía inhalatoria principalmente (vapor de mercurio), ingestión del metal líquido o vía cutánea. La inyección intramuscular del mercurio es rara y generalmente está asociada a intento suicida o de autolesión. El mercurio elemental (por ejemplo, en los termómetros) se absorbe sólo en 0.01% por vía gastrointestinal si la mucosa es normal; sin embargo, si hay alteraciones de la mucosa gastrointestinal puede llegar a absorberse y causar intoxicación.

El mercurio inorgánico se encontraba en algunos cosméticos, cremas aclaradoras, antisépticos tópicos y remedios tradicionales. Otra fuente es la exposición a pesticidas o herbicidas que contengan sales de mercurio. Se absorbe vía gastrointestinal, inhalatoria y dérmica.

El mercurio orgánico es la forma más peligrosa para la salud humana, se usó como conservador, antiséptico y fungicida en cereales; la merbromina (mercurocromo) aún se usa como antiséptico y el timerosal (etilmercurio) está siendo retirado de las vacunas; hoy en día la fuente de exposición más común a mercurio orgánico es el consumo de peces predadores.

Manifestaciones clínicas.

El mercurio es altamente lipofílico y tiende a acumularse en tejidos grasos.

Los signos y síntomas de intoxicación por mercurio varían según su forma química y la ruta de exposición; incluyen: gingivitis, estomatitis y salivación excesiva.

En la exposición ocupacional, se encuentra la tríada clásica:

  1. Temblor.
  2. Alteraciones de la personalidad.
  3. Estomatitis.

En el feto, el mercurio orgánico altera la arquitectura celular del desarrollo cerebral y está asociado a cambios neuropsicológicos después del nacimiento.

La intoxicación por mercurio asociada a malas prácticas de higiene laboral, se manifiesta por el cuadro clínico llamado mercurialismo o hidragirismo. Existen dos fases:

  1. De absorción o impregación: síntomas generales e inespecíficos como pérdida del apetito, de peso, cansancio fácil, cefalea, mareo, insomnio, artralgias y parestesias.
  2. De intoxicación: se integran los siguientes síndromes: digestivo, neurológico, renal, oftalmológico, cutáneo, hematológico; otros efectos como: rinitis, conjuntivitis, teratógenos y cancerígenos.

Las principales manifestaciones clínicas de intoxicación crónica por mercurio son las siguientes: coreoatetosis, neurastenia y eretismo, falla renal, acrodinia (enfermedad rosada), disfunción cerebral y constricción de vasos visuales (mercurio orgánico).

Diagnóstico.

El estándar de oro es la determinación de niveles séricos y urinarios de mercurio en orina de 24 horas, aunado a cuadro clínico sugestivo (anamnesis y exploración física completa) y antecedente de exposición establecen el diagnóstico de intoxicación por mercurio.

Se consideran niveles normales de mercurio en sangre < 10 ug/l, y en muestra única en orina < 20 ug/l.

En exposición ocupacional se recomienda cuantificar mercurio en orina de 24 horas, y en exposición aguda accidental determinarlo por sangre, sobre todo si la exposición fue a mercurio orgánico, ya que éste se elimina principalmente por vía biliar, más que urinaria.

Tratamiento.

Es a base de quelantes; sin embargo, su eficacia es limitada, ya que una vez establecido el daño, las secuelas son irreversibles.

La intervención más importante es retirar al paciente de la fuente de exposición.

Los niveles urinarios de mercurio menor a 20 ug/l, marcan el término de la terapia de quelación, ya que a partir de este nivel el cuerpo puede remover eficazmente el mercurio.

En caso de intoxicación por mercurio inorgánico elemental, se recomienda iniciar el tratamiento quelante a base de:

  • DMSA (ácido 2,3-dimercaptosuccínico o Succimer).
  • BAL (British Anti Lewisite) (2,3-dimercaptopropanol).
  • D-penicilamina.

En el caso de intoxicación por metilmercurio u otros compuestos orgánicos está contraindicado el uso de BAL, porque potencia la acción tóxica del mercurio. En este caso se recomienda D-penicilamina o succimer a dosis estándar.

Con información de: Diagnóstico y tratamiento de la intoxicación por metales: plomo, mercurio, arsénico y talio en el primer, segundo y tercer niveles de atención. México: Secretaría de Salud; 21/Marzo/2013.

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Médico Cirujano y Partero, Residente de Psiquiatría. Tengo mi propia frase, aunque todos somos dueños de las palabras: “Al final del día, es igual de respetable si miras al cielo en busca de Dios, de las estrellas, o ambos.”

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