La muerte, siempre lamentable situación con la que el médico lidia constantemente, en algún momento todos los pacientes pasan a las manos de su dios, mediado en buena medida por diversos “buffers” mentales, representados como espiritualidad (a veces espontánea), nada criticable, buena medida cuando nada más importa.

La vida del médico consiste en prolongar la del prójimo pero a veces durante este proceso descuida la propia; soy bastante ansioso, pienso regularmente en causa-efecto y aún así me considero algo fatalista.

¿Qué se necesita para la adecuada práctica de la medicina paliativa?
La buena práctica de cualquier actividad requiere de varias aspectos: inteligencia por supuesto, habilidad, determinación e información teórico-práctica.

La salud (mental y física) es el trabajo del médico y si no se tiene control sobre la propia, cómo cuidar la de los demás de forma honesta.
Schopenhauer afirma que la vida no es vida para mí como para ti, no es tan difícil. Por lo tanto hay que tomar un enfoque específico para cada paciente, tomando en cuenta sus deseos o peticiones.

Sobre los médicos especialistas en medicina paliativa. Debe ser difícil ver tantos pacientes en estado terminal, que carácter se necesita para tratar a diario con personas con hijos, padres, hermanos, mirarlos a los ojos y saber ambos que uno de los dos no estará quizá el próximo mes, que pocas cosas por las que luchó su vida entera no importan ahora y su vida o lo que de ella queda se resume a la capacidad de su mente para abstraerse a un pequeño mundo de autoconsolación evitando la locura.

No me gusta en realidad ver pacientes enfermos (que gran inconveniente), cada día me esfuerzo por ver todas la situaciones de diferentes ángulos, al fin de cuentas la percepción del mundo es personal, mediada por la capacidad y sentimientos pasajeros.
Día con día trato de verme reflejado en las personas con las que convivo, me parece increíble lo diferente que es el mundo a un metro de distancia (relación médico-paciente), los primeros 50cm los ocupa ese ser superdesarrollado, vasto de conocimiento, todopoderoso, inmortal, en fin: carne, pero carne de alguien que se hace llamar médico, no sólo eso: un buen médico y del otro lado está aquella otra persona, devastada, sin saber ya quién es y por qué le pasa esto que a nadie debería pasarle: está muriendo. Sólo el imaginar la diferencia de sentimientos a tan poca distancia me hace sentir voluble de una manera que pocos comprenderían.

Es importante un abordaje integral del tema, no sólo para comprender cómo tratar a nuestros futuros pacientes sino para más o menos estar preparados y tener mejores medios para actuar cuando nos pudiera tocar a nosotros, al fin de cuentas lo único a lo que no escapamos es a la muerte y en algún momento u otro tendremos que pasar por periodos de duelo y si no estamos preparados, melancolía.

Tenemos que abordar de una manera práctica los casos que indudablemente se nos presentarán, teniendo en cuenta ante todo que se trata de pacientes en un grado de estrés extremo.

Del médico depende en buena medida la percepción del paciente sobre su enfermedad y no se tiene que dejar a la deriva la metodología necesaria para conducir al mismo a una conclusión adecuada, a lo más importante desde su nacimiento: su muerte.

Ser un poco estoico no le cae mal a nadie. No importa en qué se crea sino en creer firmemente lo que se cree creer.
Cuando “todo está perdido”, ¿qué es lo que se puede rescatar? Muchas cosas.
La medicina paliativa es para aquellos que como médicos aceptaron a la muerte como al pan y al vino.
Espero algún día llegar a viejo y sentir que puedo morir tranquilo, por el momento tengo demasiadas tareas y más importante, demasiado cariño a mis seres queridos, no los puedo abandonar, no debería.

 

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Médico Cirujano y Partero, Residente de Psiquiatría. Tengo mi propia frase, aunque todos somos dueños de las palabras: “Al final del día, es igual de respetable si miras al cielo en busca de Dios, de las estrellas, o ambos.”

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