No es ni por poco un tema nuevo, que tristeza ver sumergido mi pueblo en una constante decadencia, dígase política, económica, CULTURAL.

Tengo la suerte de haber crecido en una casa humilde pero con valores, mucho amor y sobre todo con una fuerte tradición de respeto al prójimo, siempre tratando de llevar una sana relación con los demás, ayudándonos en la medida de lo posible unos con otros.

Mi pueblo (un lugarcito de Jalisco) es, o más bien era un pueblo tranquilo, donde se podía andar por la noche en las calles de sus barrios o por los caminos que conducen a alguna de sus delegaciones.

¿Qué ha pasado? como la mayoría del territorio mexicano se ha visto sumergido en la inseguridad por parte de las bandas del crimen organizado que hacen un verdadero sinergismo con los delincuentes locales y el cuerpo de seguridad y ayuntamiento ineficientes y a veces (muchas) corruptos.

Aquí y como casi en todo pueblo pequeño, es bien sabido quienes son y dónde se encuentran las personas problemáticas. Nadie hace nada hasta que pasa algo grande como un enfrentamiento que deje varias decenas de muertos, en esos casos, al día siguiente tenemos un helicóptero de la policía federal sobrevolando nuestra deteriorada comunidad, claro para este tiempo los delincuentes, estos pistoleros casi ilustres en nuestros tiempos ya se encuentran a varios kilómetros de distancia violando mujeres o alcaldes.

Hace escaso un año en Puerto Vallarta, Jalisco, otro municipio atestado de inseguridad fui víctima de un robo de  motocicleta, la tomaron de mi casa alrededor de las 3 a.m. cuando yo estaba junto con otras 3 personas en la sala a sólo 2 metros de ella, por suerte una patrulla hacia su recorrido y el delincuente terminó en la cárcel, con su correspondiente proceso legal.

Personas cercanas a esta pusilánime persona, los mismos delincuentes que iban con él esa noche, su padre e incluyendo él mismo me solicitaban el perdón, más aún lo exigían aunque fuera en manera forzada de mi parte, una situación terrible, decidí no ceder, mantenerme firme aunque debo admitir que fueron semanas de bastante estrés y revisar 3 veces los candados cada noche. Espero que aún siga en su celda.

¿Cómo se puede perdonar a esta clase de personas?

Después de pagar la estancia de mi vehículo en el corralón, aproximadamente 1,400 pesos por una semana y que decidí pagar de mi bolsillo para no hacer más largo el proceso, decidí enviar la dichosa moto al municipio del que soy originario, de la región ciénega-altos de Jalisco… (Hermosa por cierto)

Mi buen, seguro y pintoresco municipio.

Ayer, a casi exactamente un año del penoso suceso en Puerto Vallarta, hombres armados asaltan a mi padre que viajaba con mi hermana pequeña en la misma motocicleta, despojan a mi familia una vez más del vehículo y demás pertenencias a plena luz del día cuando regresaba de su trabajo.

Por cierto, de mi hermana de escasa edad, a la que ya le tocó este evento traumático, resulta que no ha sido el único, una vez mientras iba en su bicicleta ha tenido que dar la vuelta a un par de cadáveres para poder ir A SU ESCUELA a aprender cosas que pudieran no llegar a servirle en su vida por la siempre latente posibilidad de terminar como una más, víctima de un enfrentamiento ajeno.

Dos días antes de este robo a mano armada hacia mi padre se había suscitado otro, aunque más pequeño, en mi casa, en un vecindario de la colonia centro de este municipio.

No somos prósperos empresarios ni nada por el estilo, sólo una familia cualquiera que lucha por salir adelante y la dichosa motocicleta es una Honda Bros 150 de año atrasado.

Regresando al tema del segundo robo de la motocicleta, al ir a denunciar el suceso a la comandancia municipal se nos dice “Ah sí, es LA TERCERA que se llevan hoy“. Días después algunas personas nos informaron que los mismos policías seleccionaban a las víctimas de robo y resalto que esto no es una ciudad, es un pueblo pequeño que lo atraviesas en 10 minutos, con 2 o 3 calles principales.

¿Creí lo de los policías? totalmente.

Qué nos espera, sé que hay muchas personas nobles pero no se necesita sólo eso para corregir esta situación, la verdad que vivir tranquilo aquí, en Puerto Vallarta o en cualquier parte de México es una total UTOPÍA.

Algunos actúan por necesidad o por el hecho de sentirse con un poco de poder que llene ese vacío interior, ese sentimiento de no ser nadie en la vida, y que intentan contrarrestar con la seguridad que un arma le da a cualquiera que la porte.

Mi trabajo como médico es preservar la vida, sea quien fuere, pero resulta verdaderamente difícil preservar la de un delincuente, alguien que en su total conocimiento actúa de una manera perjudicial. Nunca he creído plenamente en un Dios, a veces quisiera poder hacerlo con seguridad, eso sería una gran alivio, pensar que todo sucede por algún plan maestro pero me es francamente complicado y con todo esto creo que nunca lo haré completamente.

Aunque mi intención siempre es obrar bien y no verme involucrado en ninguna clase de problema, la sociedad inmunda en que vivimos modifica hasta los más profundos sentimientos, resultado de estos sucesos el remanente es un estado personal de ira, malogrado, que si no se sabe sobrellevar lo convierte a uno en una masa de entusiasmos imbéciles… Y es que, se ha llegado a tal punto en que uno sólo se debe conformar, incluso agradecer a estas personas de no haber resultado herido, que paradoja.

Esto lo escribí hace 5 años y las cosas no han cambiado mucho desde entonces, con lo que ha pasado durante este tiempo podría escribir otros dos o tres textos similares, con detalles que te sorprenderían pero a la vez ya no, porque todo esto pasa una y otra vez.

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Al final del día, es igual de respetable si miras al cielo en busca de Dios, o en busca de las estrellas.

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