Es sin duda, un libro mucho más interesante de lo que parece a simple vista; te hace sentir cada batalla como si estuvieras allí. 

Es un libro obligado a mi parecer, para el mexicano que quiere conocer un poco más sobre la situación actual del país, comprender lo que nos llevo al hartazgo de los gobiernos de los últimos años.

Fue para mí, un complemento de lo que le tocó vivir a mi pueblo, familia y mi propia persona, que fuimos víctimas de la delincuencia organizada de forma directa e indirecta. Tal cual, en este pequeño pueblo colindante con Michoacán de Ocampo hubo también balaceras con decenas de muertos, que el gobierno reportaba como “unos cuantos”; los delincuentes se paseaban con total libertad por la calles y se reunían en la plaza, con total impunidad (aún los hay, otros, pero con más discreción). Negocios cambiaron de dueño, personas con una vida aquí se fueron, hubo toque de queda impuesto por los delincuentes y múltiples desapariciones y extorsión.

Quizá como me tocó vivir esa época de violencia extrema de primera mano, me es fácil leer las historias de Mireles y sentirme allí, imaginar los escenarios como si hubiera pasado en las calles de mi pueblo sin más ley y orden que lo que hacen los propios habitantes portándose bien, porque la policía municipal es un brazo del crimen organizado (hasta la fecha).

Hay cosas que no me convencen mucho sin embargo, como su crítica a los medios tradicionales y vendidos, pero al final termina agradeciéndo a Ciro G.L. entre otras pequeñeces sin importancia, teniendo en cuenta el contenido del libro que trata de violaciones, muerte, impunidad.

Un gobierno federal, estatal y municipal, totalmente corrompido. El pueblo ha soportado muchas cosas (chingaderas), pero todo tiene un límite, que se manifestó en las pasadas elecciones.

Es un plus además, el hecho de que Mireles sea médico, lo que a veces me provoca sentir como si fuera yo el escritor.

“Podemos prestarles las armas, los medios, enseñarles a hacer barricadas, pero señores, no podemos prestarles los huevos, esos los tienen que poner ustedes.” – Mireles

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Médico Cirujano y Partero, Residente de Psiquiatría. Tengo mi propia frase, aunque todos somos dueños de las palabras: “Al final del día, es igual de respetable si miras al cielo en busca de Dios, de las estrellas, o ambos.”

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